Roger Waters... Rogelio Aguas, pa' los cuates!
Sí, ya sé que me tardé la vida en hacer mi reseña … pero no quería robarle la atención al Rally!!!! :P
Pues bien… volvamos la vista un poco al pasado; a diciembre del 2006 para ser exactos, donde toda esta maravilla comenzó. Fue en diciembre cuando una de mis más queridas cómplices en esto del RoCk y yo nos enteramos que vendría a México su majestad, Roger Waters. Acto seguido, amenazamos a nuestros padres con que no asistir al concierto sería lo mismo que morir de tristeza.
Ahora, para todos aquellos que no saben quién es Roger Waters (y créanme, los hay y los encontramos a lo largo de dos meses y medio de espera pre-concierto), él es ni más ni menos que la cabeza detrás de la legendaria banda de rock progresivo Pink Floyd. ¿Aún no les suena? Tengan entonces la amabilidad de visitar: www.pinkfloyd.com y http://es.wikipedia.org/wiki/Pink_Floyd para que pueda continuar con mi reseña.
Prevenidas como estábamos de que los boletos saldrían a la venta, nos hicimos de un par con ayuda del famoso plástico que capitaliza los conciertos para sus tarjetahabientes. El 2006 se fue y nosotras seguíamos en espera: el concierto de Waters tendría lugar hasta marzo (yo lo definía como un motivo para seguir viva hasta marzo). Pasó el tiempo y marzo llegó, trayéndonos a otras bandas como aperitivo de lo que nos esperaba (otro día les contaré cómo nos fue en el concierto de Coldplay).
Y así llegó el martes 6 de marzo del 2007. Habíamos leído algunas reseñas de lo que fueron los conciertos en Guadalajara y Monterrey, pero créanme, nada se compara a haber presenciado el espectáculo en vivo. Sí, sabíamos que tocaría éxitos de la banda, una o dos rolas de su carrera como solista y el “Dark Side of the Moon” enterito; disco que le dio nombre a la gira. Pero vivirlo fue otra cosa.
Pues bien… volvamos la vista un poco al pasado; a diciembre del 2006 para ser exactos, donde toda esta maravilla comenzó. Fue en diciembre cuando una de mis más queridas cómplices en esto del RoCk y yo nos enteramos que vendría a México su majestad, Roger Waters. Acto seguido, amenazamos a nuestros padres con que no asistir al concierto sería lo mismo que morir de tristeza.
Ahora, para todos aquellos que no saben quién es Roger Waters (y créanme, los hay y los encontramos a lo largo de dos meses y medio de espera pre-concierto), él es ni más ni menos que la cabeza detrás de la legendaria banda de rock progresivo Pink Floyd. ¿Aún no les suena? Tengan entonces la amabilidad de visitar: www.pinkfloyd.com y http://es.wikipedia.org/wiki/Pink_Floyd para que pueda continuar con mi reseña.
Prevenidas como estábamos de que los boletos saldrían a la venta, nos hicimos de un par con ayuda del famoso plástico que capitaliza los conciertos para sus tarjetahabientes. El 2006 se fue y nosotras seguíamos en espera: el concierto de Waters tendría lugar hasta marzo (yo lo definía como un motivo para seguir viva hasta marzo). Pasó el tiempo y marzo llegó, trayéndonos a otras bandas como aperitivo de lo que nos esperaba (otro día les contaré cómo nos fue en el concierto de Coldplay).
Y así llegó el martes 6 de marzo del 2007. Habíamos leído algunas reseñas de lo que fueron los conciertos en Guadalajara y Monterrey, pero créanme, nada se compara a haber presenciado el espectáculo en vivo. Sí, sabíamos que tocaría éxitos de la banda, una o dos rolas de su carrera como solista y el “Dark Side of the Moon” enterito; disco que le dio nombre a la gira. Pero vivirlo fue otra cosa.
La cita fue a las 8:30 en el Foro Sol, en el área B, conocida también como “general B”. Sobra decir que los boletos se agotaron. Pese a varios percances (como el hecho de que me caí del Metrobus esa mañana y que casi perdemos las llaves del carro y no podemos salir de la escuela), llegamos con mucho tiempo de sobra. Así que nos sentamos a esperar a otro fanático amigo nuestro a que llegara. Ahora, tratándose de una banda legendaria, uno esperaba encontrar puro señor ya entrado en canas. Pero, para nuestra sorpresa, había gente de todas las edades. Sí, incluso niños con padres conscientes de la importancia de la buena música desde las más tiernas edades.
A las 8:30 se apagaron las primeras luces. La gigantesca pantalla de plasma que servía de fondo al escenario mostró una tremenda botella de whiskey y una mano que cambiaba de estaciones al mismo tiempo que consumía un cigarrillo. El show estaba a punto de comenzar.
Nos dieron las 9:00. Las luces se apagaron y todos luchamos por un poco de espacio vital para presenciar el espectáculo. Sonaron los primeros acordes… “In the Flesh” y todos gritamos. Roger Waters en persona, en vivo, la leyenda… la pantalla detrás del escenario mostraba los clásicos martillos cruzados en rojo y todos coreábamos, cantábamos… ¡sí, al fin, la espera bien valió la pena!
El concierto se dividió en tres partes: la primera con éxitos de Pink Floyd tales como “Mother”, “Shine on your Crazy Diamond”, “Wish You Were Here”, “The Fletcher Memorial Home”, “Sheep”… seguida de un receso de 15 minutos; la segunda parte fue dedicada exclusivamente al disco “The Dark Side of the Moon” y la tercera, un encore con temas como “Another Brick in the Wall”, “Vera”, “Bring the Boys Back Home” y la rola que cerró el show: “Comfortably Numb”.
El cerdo con mensajes contra Bush y el muro durante "Sheep"
Las sorpresas:
Aparte del sonido maravilloso (sistema cuadrafónico de 360º integrado por 5 elocuentes bocinas), escuchar la interpretación de las coristas de color que acompañaban a Waters en temas tales como “Mother”, la cara de Syd Barret al fondo de “Shine on your Crazy Diamond”, el puerco con mensajes políticos dirigidos a Bush que se elevó al infinito al terminar “Sheep”, las llamaradas que salían detrás de las pantallas colocadas a ambos lados del escenario, el video proyectado durante “The Fletcher Memorial Home”, los chavitos de no sé qué casa hogar que subieron antes de que “Another Brick in the Wall” fuera magistralmente interpretada (y que portaban playeras con la leyenda “el miedo construye muros”), el prisma de láser que se formó durante el “Dark Side of the Moon” y Waters conmovido casi al borde del llanto durante “Bring the Boys Back Home”… aún se me pone la piel de gallina al recordar estos momentos.
Roger Waters en el bajo
Así, después de dos horas y media de música maravillosa, terminó esta irrealidad. Mis amigos y yo nos tardamos un poco en movernos de nuestro sitio y empezar a hablar. Lo único que atinamos a balbucear (aparte de muchas, muchas groserías) fue “¿esto pasó; sucedió?”. Y después, comentarios como “ya me puedo morir”, “ya se cumplió uno de mis sueños de vida” y “el mejor concierto de toda mi vida” fueron todo lo que necesitamos decir para describir lo que nos había pasado aquella noche donde las palabras nos sobraban, el nudo en la garganta era latente y la música… la música vivía.
el prisma de láser!